01 — El dashboard que nadie lee
Abre tu dashboard y cuenta las métricas activas. Si es como la mayoría de tableros que llegan a una consultoría, el número asusta: cuarenta, sesenta, setenta y siete. Actualizado con disciplina, revisado en cada comité — y aun así, pregunta cuántas decisiones del último trimestre salieron de ahí. Casi siempre la respuesta cabe en una mano.
No es un problema de datos. Es un problema de criterio: cuando todo se mide con la misma jerarquía, nada señala nada. El dashboard se vuelve un ritual de reporte, no un instrumento de decisión.
02 — La pregunta que ordena
La prueba es simple y duele: por cada métrica del tablero, responde «¿qué decisión cambia si este número sube o baja 20%?». Si la respuesta es «ninguna», la métrica no es un indicador — es decoración con formato numérico.
«Cuando todo se mide con la misma jerarquía, nada señala nada.»
El indicador que decide suele cumplir tres condiciones: conecta directo con el P&L, tiene un dueño con nombre y apellido, y dispara una acción concreta al cruzar un umbral acordado. Casi siempre resulta ser el payback de adquisición o el LTV por cohorte — casi nunca el alcance ni los seguidores.
03 — Qué hacer con las otras 76
No se borran: se degradan. Cinco líneas suben al tablero del comité (la que decide + las cuatro que la explican). El resto baja a tableros operativos donde alguien las usa de verdad. La regla de la casa aplica también aquí: si no construye una decisión, se quita de la vista de quien decide.
04 — La decisión de esta semana
Imprime tu tablero. Táchale todo lo que no cambiaría ninguna decisión con un ±20%. Lo que sobreviva es tu sistema de indicadores real. Si sobrevive más de cinco líneas, la poda no terminó. Si no sobrevive ninguna, tu problema no es de medición — y conviene conversarlo.